En el mundo de la formación, se observan dos planteamientos muy diferentes pero a menudo complementarios: uno de clásico, herencia de la tradición académica de la educación formal, y otro innovador, pragmático y desarrollado por la iniciativa privada.
En el primer caso se da una orientación al conocimiento, mientras que en el segundo, el objetivo es el saber hacer y está orientado a los resultados. Se trata de otorgar valor a una empresa, gestionar sus valores o edificar un perfil profesional que más tarde será una persona cualificada en un lugar de trabajo.
En esta línea, la formación del ISM puede definirse por ofrecer al alumno tres grandes valores:
Valor de uso: APLICACIÓN INMEDIATA Cada curso es práctico y aplicable, de uso inmediato en un contexto profesional.
Valor relacional: APRENDER EN GRUPO El aprendizaje en grupo y la relación con los otros participantes enriquece la acción formativa.
Valor de cambio: EL PROGRESO INDIVIDUAL La formación en ISM está pensada para facilitar el progreso en su vida profesional y empresarial
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